
DIY: Holiday Lights
I experimented and made these little fabric lights to hang in my apartment. They were a little time consuming, but nothing a movie or two couldn’t help with.
If you want to try your hand at making your own, I wrote up a tutorial here.
Nice! I wonder if you can make these to cover an actual string of lights? LED-powered, for those nights when even the generator is out.
(via hrrrthrrr)

Photo of Jack Kerouac taken by Allen Ginsberg.
Ginsberg’s note: “Jack Kerouac wandering along East 7th street after visiting Burroughs at our pad, passing statue of Congressman Samuel “Sunset” Cot, “The Letter – Carrier’s Friend” in Tompkins Square toward corner of Avenue A, Lower East Side; he’s making a Dostoyevsky mad-face or Russian basso be-bop Om, first walking around the neighborhood, then involved with The Subterraneans, pencils & notebook in wool shirt-pockets, Fall 1953, Manhattan.” (National Gallery of Art)
Estoy ahora en malaidea.maneno.org

Senegalese army hitching a ride back to Tambacounda for la permission, riding in cars with toubabs. Senegal, January 2009.

Esta es mi calle, con un Harmattan asqueroso. Gracias, Mauritania.
Todos los martes hay mercadillo en la calle asfaltada del barrio, y ya el lunes por la noche viene el camión del ayuntamiento a instalar el tinglado mecánico desde el mar hasta la rotonda de la Route de l’Aeroport. Por primera vez desde que vivo aquí, esta semana el camión no ha venido. Cuando salgo de casa hay más silencio que de costumbre. A lo largo de toda la calle hay señoras sentadas sobre su mercancía, que tienen puesta hecha una bola gigante, como una bala de paja envuelta en tela de saco.
Me encanta el camino que se desvía de la carretera principal hacia el centro, pasado el cruce del faro de Mammelles. Se ve que en su día fue una carretera de verdad, pero hoy sólo queda un vestigio de asfalto lleno de hoyos, bordeando el precipicio. A la izquierda el campamento militar, una docena de casetas y tendederos, centinelas dormitando a media altura; a la derecha el mar. Desde que construyeron no una sino dos vías de acceso al centro alternativas y en paralelo –cortesía de la Conferencia Islámica- por el camino del precipicio ya no pasa nadie, y en la mayor parte del recorrido no hay cobertura.
Evidentemente ahí es dónde decido quedarme sin gasolina. La avería más humillante. Me quito el casco, doy un par de vueltas alrededor de la moto, y me siento sobre una roca a esperar que pase alguien. Unos diez metros más allá esta la caseta elevada del centinela, que me observa con más bien poca curiosidad, como si ahí se quedaran toubabs en panne todas las mañanas. A los quince minutos, como todavía no ha pasado nadie, se baja de la caseta un guardia con un ojo vago, suspirando de hastío, y me ayuda a empujar la moto hasta el cruce, refunfuñando porque eso de quedarse indefensa en la carretera c’est pas bon déh, en esta ciudad hay beaucoup de bandits, hasta que se para un taxi que por casualidad lleva medio dedo de essence en una botella de plástico. Suficiente!