Al final no ha sido el helicóptero sino el hovercraft, una especie de caja de zapatos con la barriga de lona hinchable. Hemos viajado con una señora del IRC, un club de hip hop nigeriano, una delegación iraní de unas veinte personas, y Lamin, el asistente de programa. El mar estaba revuelto y parecía que rodábamos por entre las olas, con algún que otro planchazo. Lamin se agarraba fuertísimo y me contaba cómo en la oficina a todos les da miedo el hovercraft, salvo cuando se suben juntos, porque se les olvida mirándose la cara de pánico los unos a los otros. Freetown me da buena espina.