Barcelona. Cuando vuelvo me gustan los sitios algo rancios, las cosas ben nostrades, coca de llardons, té con las tías en Pintor Rosales, desayuno en Mauri con la alta burguesía catalana.
Hoy me tomo un café de verdad (no Nescafé) frente a la comisaría de Muntaner, mientras espero que me renueven el pasaporte. Ya sé que en Dakar me quejo siempre de que no hay quien desayune tranquilo, viendo a la gente pasar o leyendo el periódico; pero claro ahora en Barcelona echo de menos que me den palique en la cafetería aun sin conocerme. Todo el mundo anda absorto por los de Onda Rambla comentando el gordo de navidad con ánimos de tertulianos del fútbol, de fondo los niños de San Ildefonso.
En Senegal también hay lotería, o al menos esqueleto de lotería: por la avenida Cheick Anta Diop hay cabinas azul celeste de la LONASE, aunque lo más que he visto dentro son señoras friendo empanadillas o chicos vendiendo recargas de Orange.